viernes, 8 de febrero de 2008

¿Hay alguien más?

Hace tiempo que observo, con una mezcla de incredulidad y sana envidia, a los políticos profesionales. Sobre todo, a los nacionalistas. Con cuatro votos mal contados tienen derecho a coche oficial, despacho, cafelito, control sobre su sector productivo favorito y capacidad para imponer comportamientos a sus vecinos. Todo ello, al margen de la lógica planetaria.

El español se convierte en lenguaje de moda en el exterior. Mientras tanto, en algunas regiones que -por el momento- se encuentran en el interior de nuestras fronteras, la lengua castellana es ninguneada y marginada con objeto de lograr su práctica extinción.

Pagamos un precio exorbitante por unas administraciones públicas triplicadas -central, autonómica y municipal- que se dedican, en mucha medida, a enfrascarse en cuestiones que no son prioritarias para los ciudadanos. En paralelo, la calidad de los servicios que recibimos a cambio cae en picado.

La educación que reciben nuestros hijos ya no merece tal calificativo. Se convierte en una máquina de perpetuar en el poder al nacionalista, denostar lo español y ensalzar la historia inventada de fabulosas naciones, víctimas indefensas del abyecto invasor.

La sanidad gasta y gasta sin que las camas con paciente dentro abandonen los pasillos. Se inauguran hospitales sin médicos, con varias plantas diáfanas, sin equipamiento alguno. Mientras tanto, nuestros profesionales de la medicina encuentran su lugar en el extranjero, donde contratan menos burócratas más efectivos, dejando presupuesto libre para más técnicos.

El número de viviendas vacías crece sin parar, y los mileuristas siguen sin vivienda. La Ministra del ramo (y de la cuota) anuncia soluciones habitacionales, pero ni siquiera esas latitas de anchoas llegan a ser ocupadas por los candidatos a una emancipación largamente deseada.

Donde mete la mano el autonómico de turno afloran el presunto sectarismo, el presunto nepotismo y el presunto amiguismo. No hay pruebas, ni las habrá. A la interminable burocracia central se ha unido la interminada burocracia regional. Y todas financian su presunta dolce vita con el cada vez más mermado contenido de nuestros bolsillos.

¿Suena catastrófico? Pues realmente no lo es. La razón es muy sencilla. El circo político se desarrolla en una dimensión diferente de la que moramos los ciudadanos normales. El mundo de todos los días vive crecientemente ajeno a lo que ocurre en el planeta de los políticos, cuya órbita se aleja más y más cada día. Donde se obliga a hablar, etiquetar y pensar en catalán, la gente normal sigue usando con naturalidad las dos lenguas. Lo malo es que las siguientes generaciones ya no están aprendiendo a usar ambas con corrección.

Concluyendo. Un buen día me pregunté: ¿Hay alguien más? ¿Se puede hacer todo esto de otra manera? ¿Se puede estar en política y ser honesto? Encontré respuestas entre la gente que forma Ciudadanos. Gente extraordinaria y a la vez gente corriente. Profesionales de otras actividades, y no de la política, que dedican buena parte de su tiempo libre a la cosa pública. Comprometidos con la idea de no usar el poder para forrarse. Convencidos de que la tolerancia es imprescindible.

Javier Peces (Ciudadanos)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mucha suerte. Hace falta un partido como Ciudadanos, también en Toledo.

Anónimo dijo...

¿Alguna propuesta para acabar con el maltrato y asesinato de galgos al fianlizar la temporada de caza? esto pasa cada año por estas tierras.

Anónimo dijo...

Le recomendamos encarecidamente que lea nuestro Programa electoral, donde se recoge la aplicación inexorable del código penal para los malos tratos a personas y animales, así como en delitos ecológicos, y la exigencia a las administraciones de la vigilancia de esas actuaciones delictivas.