martes, 12 de febrero de 2008

Ciudadano Alfredo Gabrielli

Me cabe el honor de representar a Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía como cabeza de lista en la circunscripción de Toledo y deseo poderos transmitir con claridad las propuestas que creemos necesarias e imprescindibles para que nuestra sociedad cambie, para que podamos mirar al futuro con más optimismo del que tenemos ahora.

No vamos a desmenuzar en esta ocasión muchos de los problemas que conocemos de cerca (los porcentajes para agricultores y ganaderos, el misterioso viaje de los cuadros de El Greco, el déficit en ingresos en la Seguridad Social, la mala gestión de los recursos turísticos de Toledo o la escasez de vivienda para los jóvenes y menos jóvenes), no los vamos a diseccionar porque vamos a ir al fondo de los problemas: la estructura del Estado.

Hoy existen graves carencias en los fundamentos de cualquier Estado moderno: libertad, igualdad y solidaridad. No podemos ser libres si hay pobreza, ignorancia, miedo y justicia lenta; no podemos ser iguales si nuestros votos no valen lo mismo en cualquier parte de España o si tenemos menos derechos según donde vivamos; no podemos ser solidarios si no contribuimos a que los demás, aquí y en todo el mundo, las actuales y las futuras generaciones, tengan la oportunidad de alcanzar bienestar.

Por eso nació Ciudadanos, para llevar la cordura a las instituciones, para regenerar la democracia a base de afrontar los problemas reales y no los ficticios, para que haya transparencia, para acabar con el caciquismo político y económico, para que la política recupere la dignidad que corresponde a esa dedicación a lo público.

Ninguno de quienes nos presentamos en la candidatura por Toledo de Ciudadanos somos profesionales de la política porque no la necesitamos para vivir, pero estamos comprometidos con este movimiento cívico que nació como reacción a las tribus que nos (des)gobiernan y a los despropósitos de su gestión.

Cuando se ha perdido un 60% de renta para las familias mientras el crecimiento económico de los últimos años ha sido muy considerable es que tenemos un sistema casi medieval en el reparto de la riqueza. Cuando la inflación supera en un 50% a media europea y se han perdido 6 puntos en el poder adquisitivo de los salarios, es que los análisis optimistas del Gobierno son un fraude. Cuando tenemos el déficit exterior más elevado del mundo y el gasto social por persona es el más bajo en la Europa de los 15, el futuro se antoja peor que mal.

Pero, eso sí, PP y PSOE siguen más preocupados en conseguir votos que en proponer planes de Estado; más preocupados en pactar con separatistas (éstos sólo quieren el dinero del 'estado opresor') que en defender los derechos de las personas; más preocupados por publicitar el 'cheque-bebé" que en aplicar la Ley de dependencia, que, por ejemplo, afecta a un 17% de nuestros mayores en Toledo.

Tenemos los pies en la tierra y sabemos que Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía no va a gobernar, pero sí –ya lo hemos demostrado en Cataluña- tenemos la oportunidad de trabajar desde el Parlamento para evitar políticas erráticas e influir en que a las cosas se las llame por su nombre.

Con afecto y compromiso,

Alfredo Gabrielli

viernes, 8 de febrero de 2008

¿Hay alguien más?

Hace tiempo que observo, con una mezcla de incredulidad y sana envidia, a los políticos profesionales. Sobre todo, a los nacionalistas. Con cuatro votos mal contados tienen derecho a coche oficial, despacho, cafelito, control sobre su sector productivo favorito y capacidad para imponer comportamientos a sus vecinos. Todo ello, al margen de la lógica planetaria.

El español se convierte en lenguaje de moda en el exterior. Mientras tanto, en algunas regiones que -por el momento- se encuentran en el interior de nuestras fronteras, la lengua castellana es ninguneada y marginada con objeto de lograr su práctica extinción.

Pagamos un precio exorbitante por unas administraciones públicas triplicadas -central, autonómica y municipal- que se dedican, en mucha medida, a enfrascarse en cuestiones que no son prioritarias para los ciudadanos. En paralelo, la calidad de los servicios que recibimos a cambio cae en picado.

La educación que reciben nuestros hijos ya no merece tal calificativo. Se convierte en una máquina de perpetuar en el poder al nacionalista, denostar lo español y ensalzar la historia inventada de fabulosas naciones, víctimas indefensas del abyecto invasor.

La sanidad gasta y gasta sin que las camas con paciente dentro abandonen los pasillos. Se inauguran hospitales sin médicos, con varias plantas diáfanas, sin equipamiento alguno. Mientras tanto, nuestros profesionales de la medicina encuentran su lugar en el extranjero, donde contratan menos burócratas más efectivos, dejando presupuesto libre para más técnicos.

El número de viviendas vacías crece sin parar, y los mileuristas siguen sin vivienda. La Ministra del ramo (y de la cuota) anuncia soluciones habitacionales, pero ni siquiera esas latitas de anchoas llegan a ser ocupadas por los candidatos a una emancipación largamente deseada.

Donde mete la mano el autonómico de turno afloran el presunto sectarismo, el presunto nepotismo y el presunto amiguismo. No hay pruebas, ni las habrá. A la interminable burocracia central se ha unido la interminada burocracia regional. Y todas financian su presunta dolce vita con el cada vez más mermado contenido de nuestros bolsillos.

¿Suena catastrófico? Pues realmente no lo es. La razón es muy sencilla. El circo político se desarrolla en una dimensión diferente de la que moramos los ciudadanos normales. El mundo de todos los días vive crecientemente ajeno a lo que ocurre en el planeta de los políticos, cuya órbita se aleja más y más cada día. Donde se obliga a hablar, etiquetar y pensar en catalán, la gente normal sigue usando con naturalidad las dos lenguas. Lo malo es que las siguientes generaciones ya no están aprendiendo a usar ambas con corrección.

Concluyendo. Un buen día me pregunté: ¿Hay alguien más? ¿Se puede hacer todo esto de otra manera? ¿Se puede estar en política y ser honesto? Encontré respuestas entre la gente que forma Ciudadanos. Gente extraordinaria y a la vez gente corriente. Profesionales de otras actividades, y no de la política, que dedican buena parte de su tiempo libre a la cosa pública. Comprometidos con la idea de no usar el poder para forrarse. Convencidos de que la tolerancia es imprescindible.

Javier Peces (Ciudadanos)